Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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Diócesis de San Isidro


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¿Vuelve o nunca se fue?

Después de compartir como Iglesia, junto con los Apóstoles y la primera comunidad de Jerusalén, las primeras experiencias de ver a Jesús Resucitado, hemos seguido reflexionando y meditando los primeros años de la vida de la Iglesia Apostólica.

Hemos visto, también, como los Apóstoles fueron transformados por la acción y la fuerza del Espíritu Santo, cambiando sus corazones, su actitud frente a la vida y sus motivaciones. La riqueza que habían vivido junto a Jesús, antes de la Pasión, se les hace patente y con mayor profundidad, descubren que si no transmiten todo eso su vida es estéril, que si no comienzan a extender el territorio donde dan a conocer la vida del Señor, estarían siendo infieles a Dios. Y así se lanzan a predicar, a llevar los Sacramentos, a formar comunidades impulsados por esta gracia del Espíritu Santo, que sigue impulsando a la Iglesia aún hoy en día.

Esta Iglesia, que formamos todos los bautizados, está compuesta, precisamente, por pecadores Redimidos por la Muerte y Resurrección de Cristo, y que por el Bautismo hemos sido injertados en la historia de la Salvación, pero seguimos siendo pecadores, necesitados de la Misericordia del Padre y de la acción invisible, pero palpable, del Espíritu Santo.

Muchas veces somos los mismos cristianos que empañamos la acción del Espíritu con nuestras debilidades, infidelidades, mentiras y pecados. Muchas veces nuestra incoherencia lleva a otros a alejarse de la Iglesia, y a no experimentar la fuerza que nos trae Jesús Resucitado. Muchas veces somos nosotros mismos , como desde afuera, los que criticamos y hablamos mal de la Iglesia, sin reconocernos parte de Ella, o sin ver que nuestros errores contribuyen a agrandar aquello que estamos criticando.

La Buena Noticia, el Evangelio, que nos transmitió Jesús es saber que el Padre nos ama, con nuestras debilidades, pero que nos está dando la fuerza, la luz, la gracia para poder mejorar, cambiar, dar testimonio de su amor. A veces, podemos tener la sensación que     

nada podemos cambiar, ni en nosotros mismos, ni en los mas cercanos y queridos, y mucho menos en la sociedad, en el país y el mundo, pero tenemos que recordar que esto es posible, no por nuestras fuerzas o por nuestra vida santa, sino por la Gracia de Dios y la acción del Espíritu en nosotros y en el mundo.

Pidamos fidelidad y docilidad al Espíritu Santo, cuya Fiesta vamos a celebrar en Pentecostés, para actuar, vivir, e influenciar en nuestros ambientes como verdaderos discípulos de Jesús.

¡Que la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, cuya Fiesta celebraremos el 13, junto con la Acción de Gracias por estos cincuenta años de la bendición de nuestro Templo, nos guíe con su mano bondadosa para ser hijos fieles!

Un abrazo y mis oraciones.

 

                                                                             Padre Guillermo.