Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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Diócesis de San Isidro


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Festejar y celebrar

Hemos celebrado y festejado los cincuenta años de la bendición del Templo realizada en 1959, cuánta alegría y emoción entre personas que no se veían hace muchos años!!!!, estuvieron algunos de los que se casaron o bautizaron ese año o hicieron su primera comunión. Una fiesta muy sencilla pero de una gran familia que se fue formando en este medio siglo.

Como Iglesia Universal hemos celebrado otra fiesta del nacimiento de la Iglesia, hace casi dos mil años. Otra gran alegría extendida por todo el mundo. En medio de tantos desaciertos, violencia, mentiras, enfermedades, injusticia, inseguridad, egoísmos volvemos a escuchar la voz de Jesús que les dice a los Apóstoles “es necesario que yo me vaya, pero les enviaré mi Espíritu que les enseñará todo….” . Dios Hijo dejó de estar visiblemente presente en medio nuestro, sin embargo sigue estando presente en la Iglesia, en la Eucaristía, en la oración de sus discípulos, y ahora lo está también de otra forma a través del Espíritu Santo. El es el que nos guía por el camino del bien, nos impulsa a transitarlo, a pesar de las dificultades que pueden aparecer, con la asistencia de sus Dones, El es el que nos guía por la oración, el que nos ayuda a llamar a Dios: ¡¡Padre!!. El es el que nos ayuda a confiar en la misericordia y el amor del Padre. El es el que nos ayuda a reconocernos hijos para dejarnos auxiliar.

Si bien el Espíritu Santo es invisible a nuestros ojos, casi sin darnos cuenta lo invocamos a menudo, cada vez que hacemos la señal de la cruz, cada vez que rezamos un Gloria, en muchas de las oraciones de la Misa y en oraciones personales. Es decir, el está muy presente aunque no seamos conscientes de ello.

El espíritu Santo, también, nos ayuda y anima a cumplir la misión que tenemos como discípulos del Señor: llevar su palabra de  esperanza, de perdón, de alegría en los ambientes en que se desarrolla nuestra vida. A veces seremos escuchados, otras habrá rechazo, otras indiferencia, pero a pesar de todo la pequeña semilla que sembremos, aún en corazones muy cerrados, puede germinar y crecer y esto será por esa acción misteriosa del Espíritu. Y por eso tenemos que rezar mucho, para que nuestras palabras y acciones le sirvan a Jesús para llegar a todos, a pesar de nuestras debilidades y flaquezas, ya que somos sus instrumentos.

Como Diócesis de San Isidro, el 13 de junio, Fiesta del Cuerpo y Sangre de Jesús, tendremos una Asamblea Diocesana, que se realiza cada cinco años, para celebrar juntos la acción de Dios entre nosotros, para rezar juntos por nuestra patria, y para tomar fuerzas al ver que no estamos solos, ni somos pocos, para vivir nuestra misión.

¡Que la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, nos ayude a ser fieles y dóciles como ella, a la acción del Espíritu Santo!

Un abrazo y mis oraciones.

 

                                                                                                Padre Guillermo