Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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Diócesis de San Isidro


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Caminamos con otros

Elecciones, votación, resultados; gripe, cuidados, precauciones, consecuencias; vacaciones de invierno, planes, ideas, frustraciones. Distintos temas, diferente importancia, variada interpretación o interés, pero, estamos todos involucrados de una u otra manera. Nadie puede desentenderse del futuro, tarde o temprano se sentirán y viviremos las consecuencias de las decisiones tomadas.

Se vive o se da la impresión, a veces, que se toma la vida como si no fuera la propia, como si fuera una película que se puede cambiar  por otra o dejar de verla, como si las acciones, las decisiones que se toman no tuvieran importancia para el futuro.

Dios Padre nos creó con la capacidad de pensar, sentir, tener memoria y ser responsables de nuestra vida y la de los demás en diferente grado. Nadie existe o vive absolutamente aislado. Nos necesitamos. Necesitamos de otros para existir y darle sentido a nuestra vida. A veces parece, que este aspecto de la vida se desconoce, o se quiere dejar de lado, o se quiere “poner en pausa” mientras hago lo que tengo ganas sin importar nada ni nadie.

Lo anterior puede parecer un absurdo, pero se lo vive, quizás, mas frecuentemente que lo que se puede imaginar, en diferentes edades, con diferentes responsabilidades y bajo diferentes razones o motivaciones que se resumen en un profundo egoísmo e insensibilidad.

Analizar el por que se llega a esta concepción de la vida excede la posibilidad de esta pequeña reflexión. Estará en cada uno el pensar causas,  consecuencias, y acciones a tomar para cambiar nuestra historia.

Lo que sabemos, mirando la realidad, mirando la historia, mirando y escuchando a Jesús, es que todos tenemos que tratar de ser guías, sustentos, ejemplos de los demás, especialmente de los mas jóvenes, con nuestras debilidades y dolencias, con nuestros fracasos y aciertos, con nuestras tristezas y alegrías podemos dejar una huella en la historia que marque y señale un rumbo, aunque esa huella parezca insignificante en el universo, pero, allí estará y alguien la podrá ver.

Estamos llamados e invitados a algo grande, a la felicidad eterna, y para responder tenemos que dar los pasos necesarios para estar en ese camino. No basta con hacer o vivir lo que tengo ganas hoy, sino buscar donde está el bien, propio y del prójimo, aprender a dejar de lado lo que realmente hace mal, aprender a elegir, sabiendo que ello implica renuncias, dolores, esfuerzos hasta alcanzarlo, y a pesar que es bueno desear metas importantes, es necesario aprender con pequeños logros, pequeños esfuerzos, para prepararnos a los grandes.

Nadie es dueño de la verdad, solo Dios. Necesitamos dialogar, compartir, perdonar, ser pacientes y humildes, ser conscientes de nuestra pequeñez y del llamado a la santidad y a la grandeza de la vida eterna que recibimos.

Si aprendemos a descubrir el amor de Dios en nosotros y en el mundo iremos transitando un camino de mayor alegría y felicidad  que irradiará e iluminará a los que estén cerca hasta contagiar y cambiar el mundo.

¡Que la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, nos lleve de su mano y nos ayude a descubrir mejor el camino que ella hizo!

Un abrazo y mis oraciones.

 

                                                                                     Padre Guillermo